La conquista del Oeste

Toro Sentado y Buffalo Bill, 1885

Toro Sentado y Buffalo Bill (1885).

¿Qué tratado ha respetado el hombre blanco que el hombre rojo haya roto? Ninguno. ¿Qué tratado ha hecho el hombre blanco con nosotros que después él haya respetado? Ninguno. Cuando yo era niño, lo siux eran los dueños del mundo; el sol se levantaba y se ponía en sus tierras. Hasta diez mil hombres iban a la guerra. ¿Quién los ha exterminado? ¿Dónde están nuestras tierras?

Tatanka Iyotake, Toro Sentado

Los conflictos entre los blancos y los amerindios se remonta desde la época de los primeros colonos (guerras powhatan) hasta la masacre de Wounded Knee y la configuración definitiva de la frontera de Estados Unidos y generalmente concluían con la conquista de los pueblos amerindios, su asimilación cultural (les imponían las costumbres y creencias occidentales) y su localización forzosa en reservas.

Según una estimación realizada en 1894 por la Oficina del Censo de los Estados Unidos, se calcula que entre 1775 y 1890 perecieron 45.000 indios que defendían su territorio y 19.000 invasores. Estas cifras incluyen gran cantidad de mujeres y niños en ambos bandos, ya que era práctica habitual la eliminación de no combatientes en las masacres fronterizas. Esta cadena de acontecimientos bélicos es un claro ejemplo de limpieza étnica, de la expulsión de un territorio de una población indeseable.

Una tierra sin fronteras

Cuando Estados Unidos se independizó de Gran Bretaña en 1783, su territorio comprendía desde la costa atlántica hasta los Apalaches. Entre esta cordillera y la costa del océano Pacífico existía un extensísimo territorio en el que unos cuatro millones de nativos hacían sus vidas. La nación recién creada movería su frontera cada vez más allá en este vasto terreno, donde los únicos blancos que vivían eran comerciantes y tramperos.

En el año 1803 EE.UU. compró la Louisiana a Francia, en 1819 la Florida a España y entre los años 1845 y 1848 arrebató a México un territorio que abarca la tercera parte de su extensión actual.

La expansión tan apabullante tuvo como únicas víctimas a los pueblos indios del Oeste. Habitaban medios naturales dispares, desde las enormes extensiones del mar de hierba de la pradera (cheyenne, siux, comanches) hasta las áridas zonas del suroeste (navajos, apaches). Sus estilos de vida también eran muy diversos. Había pueblos sedentarios y nómadas, otros basaban su sustento en la caza, o eran ganaderos o recolectores. Sin embargo, todos tenían algo que les unía: para ellos no existía la propiedad privada. Desgraciadamente, en 1787 se aprobaba la ordenanza del Noroeste, que dictaminaba que los territorios del Oeste eran propiedad federal. Los gobiernos comenzaron a vender lotes de tierra a precios cada vez menores para favorecer así la colonización de aquella zona.

Tecumseh, jefe shawnee (Retrato de 1868).

Tecumseh, jefe shawnee (1868).

Esta política, tan dispar para los nativos americanos fue denunciada por el jefe shawnee Tecumseh, una nación situada al noroeste. El jefe indio declaró:

La tierra jamás estuvo dividida y pertenece a todos para el uso de cada uno. Nadie tiene el derecho de vender la menor parcela, ni siquiera a este o a aquel de nosotros, y menos todavía a esos extranjeros que lo quieren todo y no transigirán jamás. Los blancos no tienen ningún derecho sobre la tierra de los indios: ellos fueron los primeros en habitarla, es su tierra.

Tecumseh desafió a Estados Unidos pretendiendo formar una alianza entre las naciones indígenas que, de haberse consumado, hubiese supuesto una importante amenaza para toda la frontera, desde Canadá hasta México. Su rebelión (1810-1813), sin embargo fracasó en cuanto él murió en combate. Desde entonces, no hubo ningún otro intento de unificar a las naciones amerindias. La derrota de Tecumseh dejaba en evidencia que los indios contactaban con los blancos, pues no tenían otra opción de supervivencia como pueblo que integrarse en su mundo.

La integración de las Cinco Tribus Civilizadas

Los cherokee, choctaw, creek, seminola y chikasaw eligieron el camino de la integración. Las Cinco Tribus Civilizadas, que así les hicieron llamar, adoptaron el modelo social de los blancos, convirtiéndose al cristianismo, respetaron los modelos políticos europeos (de hecho, los cherokees adoptaron una Constitución en 1827) , practicaron sus modelos de agricultura e incluso poseyeron esclavos.

Lamentablemente, los indígenas ocupaban una vastísima cantidad de tierra para su reducido número. Unas diez millones de hectáreas del suroeste del país, estaban ocupadas por apenas 60.000 personas. Esta situación, desde el punto de vista de los estadounidenses, suponía un obstáculo enorme para el desarrollo de su nación. Andrew Jackson, presidente electo en 1828 se cuestionaba:

¿Qué hombre de bien preferiría un país cubierto de bosques y poblado por unos pocos miles de salvajes a nuestra extensa República, salpicada de ciudades, pueblos y prósperas explotaciones agrícolas?

Poco a poco el gobierno fue presionando a las Cinco Tribus Civilizadas para que se instalasen en el Territorio Indio, situado en los actuales estados de Kansas, Nebraska y Oklahoma. Les concedían la propiedad a perpetuidad. En el año 1830 el Congreso aprobó la ley de Traslados y permitió su deportación.

Algunos, como los chikasaw y  los choctaw, las aceptaron. Otros, domo los creek y los seminola, se rebelaron y fueron derrotados. Por otro lado, el pueblo cherokee comenzó una incesante batalla legal que reposaba en su Constitución, donde se declaraban una nación independiente, soberana de los territorios de su tribu. Recurrieron al Tribunal Supremo, que decretó que las tribus indias eran naciones soberanas, pero dependientes, respecto a los Estados Unidos, en estado de “pupilaje”. El pueblo cherokee fue expulsado de su tierra y comenzó un penoso éxodo de 1300 kilómetros llamado Sendero de las Lágrimas, durante el que el hambre y las enfermedades terminaron con la vida de 4.000 de los 18.000 trasladados. De igual modo, los iroqueses y oneidas del noroeste, también fueron reubicados. Con la puesta en marcha de esta política, entre 1820 y 1845 el número de indígenas que vivían al este del río Mississippi se redujo de 120.000 a menos de 30.000.

Continúa la expansión estadounidense

caravana

Antes de que llegase el sistema de ferrocarriles, el viaje al Oeste era toda una odisea. Comenzaba desde las ciudades del río Missouri. De ahí partían caravanas como esta de la ilustración, largos convoyes de hasta un centenar de carretas. Estas eran llamadas “goletas de la pradera” y sus ocupantes se protegían del sol y otras inclemencias atmosféricas bajo un techo de lona impermeabilizada con linaza. Recorrían unos 20 kilómetros cada día, por lo que sus viajes se prolongaban varios meses hasta llegar a su destino.

Suprimido el problema territorial indígena, los invasores se aseguraban una fácil expansión hacia el Oeste. La revista Democratic Review (perteneciente al Partido Demócrata) llegó a redactar en un artículo publicado en 1845 lo que ellos consideraban el “destino manifiesto”:

Extendernos por el continente designado por la Providencia para el libre desarrollo de nuestros millones [de habitantes], que se multiplican cada año.

Los límites fronterizos de la región de Texas terminaron desembocando otro conflicto armado, en el que Estados Unidos declaró la guerra a México en 1846. La guerra terminó con la derrota mexicana. El 2 de febrero de 1848 se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en el que se reconocía la soberanía estadounidense sobre California y Nuevo México. El nuevo límite fronterizo quedó fijado, pues, en Río Grande.

Se propagó la noticia sobre la riqueza de estas nuevas tierras y las de Oregón, dando lugar a una importante corriente migratoria. Multitud de familias atravesaron calamitosamente el continente en sus caravanas siguiendo las rutas de Oregón, Santa Fe y California y se asentaron en territorios donde apenas había población blanca. Solo en aquellos dos estados, entre 1840 y 1870 recibieron entre 250.000 y 500.000 personas.

En 1848 se descubrió oro en los terrenos de John Sutter, en California. Un año más tarde, contagiadas con la “fiebre del oro” , llegaron unas 80.000 personas en busca del preciado metal. Se les bautizó como forty-niners a causa del año. Sin embargo, entre ellos no sólo había estadounidenses, sino también españoles, mexicanos, chinos, ingleses, peruanos, etc. Esta mezcolanza de culturas contribuyó de forma sustancial a la formación del estado de California. A pesar de que las noticias hablaban de una fácil obtención de riquezas, la realidad es que muy pocos se enriquecieron con la minería. Hubo explotaciones de oro y plata en Oregón, Nevada, Wyoming, Montana y Colorado.

Se produjeron tensiones entre los colonos y demás buscadores de fortuna a medida que se adentraban en territorio indio. Ello condujo al primer tratado de Fort Laramie, firmado en 1851 por los pueblos de las llanuras del norte, entre los que estaban los siux, cheyenne y los arapaho. Dicho acuerdo fijaba el territorio indígena y delimitaba las rutas de los blancos por el mismo. En 1853 se pactó otro tratado similar en Fort Atkinson con las tribus del sur (como los comanches o los kiowa), pero resultaron inevitables los altercados entre blancos e indios. En ocasiones, el ejército estadounidense respondía a los ataques indios con violentos asaltos a comunidades que nada tenían que ver con los atacantes.

La culminación de la conquista

Custer en Little Bighorn.

Custer en Little Bighorn.

Con el estallido de la guerra civil (1861-1865), que enfrentaba al Norte unionista y al Sur confederado, los problemas de los estadounidenses con los pueblos indios aumentaron considerablemente. Las tropas regulares se centraron en el conflicto y las milicias locales, que tomaron el relevo, llevaron a cabo sangrientas acciones como la matanza de cheyennes y arapahos en Sand Creek, bajo las órdenes del coronel John Chivington, de la milicia de Colorado.

Tras la victoria de la Unión en 1865, la población india se vio mucho más amenazada. Los colonos presionaban sobre el territorio de los siux, establecido en Fort Laramie, y fue paulatinamente reducido, lo que desembocó en la rebelión del jefe Nube Roja. Su éxito forzó al gobierno a firmar el segundo tratado de Fort Laramie en 1868, en el que se delimitaba la Gran Reserva Siux, donde se encontraban las montañas sagradas de este pueblo: las Black Hills.

Sin embargo, poco pudo frenar la victoria siux su fatal destino. El desarrollo ferroviario multiplicó la llegada de colonos. El tendido de ferrocarril transcontinental (1863-1869) propició además el exterminio del bisonte, animal crucial en la vida de los pueblos de las llanuras. En principio fueron cazados para la alimentación de los obreros del ferrocarril, más adelante los emplearon como una reserva asequible de carne y pieles, pero sobre todo, fueron eliminados por formar parte de la cultura india. En 1871 fueron abatidos unos cuatro millones de bisontes. Si a mediados del siglo XIX había unos 60 millones de estos rumiantes, en 1873 ni siquiera alcanzaban el millar.

La última gran rebelión de los indios ocurrió en 1876 cuando los mineros invadieron Black Hills tras el descubrimiento de oro en la zona. El Séptimo Regimiento de caballería, con unos 600 soldados, al mando del Coronel George Armstrong Custer, decidió atacar el campamento indio establecido junto al río Little Bighorn, en Montana. Su error fue desestimar por completo a las fuerzas del enemigo, unos 2.000 guerreros siux, cheyenne y arapaho. Fue duramente derrotado y muerto en combate. En apenas una hora y media que duró la contienda fallecieron 262 militares.

La derrota de Custer en Little Bighorn desató la cólera de los estadounidenses. Obligaron a las tribus a rendirse y confiscaron enormes cantidades de tierras.

La resistencia de los pueblos indios nunca fue de tamañas dimensiones como la que Toro Sentado lideró en Little Bighorn. El fin de su lucha terminó en 1886, cuando el jefe apache Gerónimo, al mando de una treintena de soldados, huía de miles de soldados estadounidenses. Su rendición dio por concluida la conquista del Oeste.

Wounded Knee: La última gran masacre

Fosa común en Wounded Knee.

Fosa común en Wounded Knee.

El 29 de diciembre de 1890, 365 soldados del Séptimo de Caballería, apoyados por cuatro ametralladoras Hotchkiss, cercaron el campamento lakota de Minneconjou (Big Foot), cerca de Wounded Knee Creek, en Dakota del Sur. Tenían la orden de escoltar a sus habitantes hasta un tren que los deportaría a Omaha (Nebraska). En el momento de desarme, tuvo lugar un tiroteo del que aún no se sabe el motivo de su inicio. El resultado fue la muerte de unas 146 personas, entre las que se encontraban mujeres y niños. También fallecieron 25 soldados y 39 resultaron heridos, en parte víctimas del fuego amigo.

Fuentes:

  • Russell Thornton, American Indian Holocaust and Survival: A Population History Since 1492.
  • Revista Historia nº 75 – National Geographic. Edición española.
  • Gregorio Doval, Breve historia de la conquista del Oeste, Nowtilus, 2009.
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9 comentarios

  1. […] suplemento al anterior artículo, la conquista del Oeste, he querido incluir esta misiva que recoge en buena medida cómo deberían sentirse los amerindios, […]

  2. Grasias son lo maximo siempre encuentro mis tareas

  3. tatiana · · Responder

    buena info:)

  4. vuelvo a encontrar esta porqueria de pagina que no encuentro una mierda, no encuentro lo que busco que asco……

    1. Para faltar el respeto, mejor no digas nada.

  5. Diego Valencia L. · · Responder

    Quedaría muy bien agregar lo que hizo Toro Sentado para que el artículo quede más completo. De igual modo la derrota de Custer en Little Bighorn.

    1. Gracias Diego por tus sugerencias. Buscaré un momento para ello.

      Un saludo.

  6. Muchas gracias por recopilar esta información, ha sido muy útil para ver el casi genocidio estadounidense sobre los indios.

    1. ¡Muchas gracias Patata!

      La verdad es que este texto tan solo es una finísima capa de todo lo que ocurrió. Tengo pendiente desde hace años hacer algo más extenso.

      Un saludo y gracias por leer aquí.

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